Fiesta, copas y desamor… Palabras vividas en aquel amor.









Noche eterna, amarga y tiernamente difusa; hicieron de ella esa mujer tan débil, tan confusa.

Él le miraba con brillo en sus pupilas, ardor en su corazón; le explicaba el uso de la mente, el uso de la razón.

Cuánto le quería y por qué lo hacía; ella no escuchaba, sólo discutía.

Con cada palabra llena de angustia, él expresaba su dolor; pues, fallarle no fue su objetivo mucho menos su intención.

Hablaron de los años juntos y la emoción de cada encuentro. ¡Qué absurda! Cómo los borró sin pensar en el momento.

Jamás pensó llegar a quererla de tal manera. Incluso cuando sabía: ella era su única ceguera.

Creían en el destino, el tiempo y el perdón; no fueron éstos quienes jugaron a favor.

El sufrir lo llenaba de coraje y remordimientos; guerrero de batallas, vil en pensamientos.

No aguantó más, él tuvo que escapar. Sí, de aquel dolor que se convirtió en rencor.

Vengó aquel desliz como juró haría. En llanto, destrozada ella juró lo olvidaría.

Su error después de todo lo hizo pagar, de la misma forma que ella le llegó a perdonar.


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