El silencio más amado. Dios del placer, tú has ganado.







El morder de labios al recordarte, la fantasía que no ha de olvidarte.
Tu mirada la incitación al pecado, el deseo que no ha cesado.


Tu boca sobre mi cuello con osadía coge vuelo.
Tu cabello mi soporte, mis aruños tu deporte.
Las caricias no dejan opción, son tus movimientos mi perdición.
La libido no piensa, mi razón mucho menos.
La fusión de nuestros cuerpos: la visita al cielo.
Si digo no, sería un crimen. Me atas a un juego tan sublime.
Tenerte cerca es un castigo. Dios, llévanos contigo.
Fuera eres sumiso, dentro el paraíso.
Si te detienes, te mato. Sino, también.
Presionarte es mi defensa, tu rostro la demencia.
Ya el gemir estalla y la respiración nos falla.


Opta por besarme que esto apenas comienza…

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